Artículo de fondo
El agua que no vemos: gestión hídrica en Cerro Largo
Un conflicto silencioso entre uso agropecuario y acceso comunitario al agua en el noreste de Uruguay.

Cuando se habla del agua en Uruguay, la conversación suele empezar y terminar en el río Santa Lucía y en el suministro de Montevideo. Sin embargo, a 400 kilómetros al noreste, en el departamento de Cerro Largo, el acceso al agua potable para comunidades rurales dispersas es una ecuación que depende de variables que ningún titular de prensa menciona: la profundidad de los pozos artesianos, el nivel de contaminación por agroquímicos en las cuencas menores y la falta de personal técnico municipal para monitorear las redes existentes. En la cuchilla de Haedo, pequeños productores y vecinos de parajes como Fraile Muerto y Arévalo llevan años conviviendo con cortes estacionales que, según los registros de OSE, se deben en más de un sesenta por ciento a infraestructura de más de cuatro décadas de antigüedad. Entrevistamos a tres técnicos de la Intendencia de Cerro Largo, a un representante de OSE y a una organización de vecinos de Fraile Muerto que desde 2022 lleva un registro propio de cortes y calidad del agua. Lo que encontramos dibuja un mapa de gestión fragmentada, voluntad política irregular y una ciudadanía que aprendió a resolver sola lo que el Estado no alcanza a cubrir.
El informe de la organización vecinal, un documento de quince páginas elaborado sin financiamiento externo, muestra que entre mayo de 2022 y agosto de 2024 se registraron 87 cortes de agua en el radio rural de Fraile Muerto, con una duración promedio de 11 horas. Cuatro de esos cortes superaron las 48 horas. «No pedimos nada extraordinario», dice Nora Bentancur, referente del grupo. «Pedimos que funcione lo que ya existe.» Esa frase resume con precisión el tono de la conversación sobre infraestructura hídrica en el interior profundo: no se trata de proyectos nuevos, sino de mantener los viejos. La discusión sobre si corresponde al gobierno departamental, a OSE o al MVOT resolver el problema lleva años sin respuesta definitiva, mientras las familias almacenan agua en cisternas de polietileno y ajustan sus rutinas al ritmo impredecible del suministro. Este artículo no cierra el debate; lo abre con los datos disponibles para que quienes viven el problema y quienes tienen capacidad de resolverlo puedan conversar sobre lo mismo.